Tal vez el paso de los años
ha ido debilitando mis reservas de desidia y despreocupación. Es posible que,
al igual que el cabello comienza a clarear, se presente mejor alumbrada ante
mis ojos, y sobre todo ante mi conciencia, una realidad que supera mi capacidad
de guardar silencio.
No muy lejos están aquellos
informativos martilleándonos con imágenes de la hambruna en África, de aquellos
escuálidos niños con los ojos llenos de moscas y los huesos asomándose tras la
piel. Tal vez fue el origen del zapping,
tal vez por eso la gente se aficionó a los documentales de La 2, pues así
podían seguir disfrutando de África, pero sin negritos moribundos. Era la hora
de la siesta, y no de despertar conciencias.
Nadie grito “¡que viene el lobo!”, o, si lo hizo, no
con la suficiente contundencia y claridad para que todos lo entendiéramos;
solamente los de la casta superior, una vez más, gozaron de información
privilegiada para mover ficha a tiempo y salvar sus caudales en paraísos
fiscales. Muy pocos han visto alterada su plácida existencia y, en no pocos
casos, han negociado y ganado con la necesidad de los demás. La Bolsa, una vez
más, poco refleja la realidad del país, pues cuando todos perdemos, sus subidas
y bajadas, por muy pequeñas que puedan parecer, son miles o millones de euros
que pasan a engrosar las ya orondas fortunas de esas alimañas.
Días atrás, en un canal de
televisión que vive anclado en la nostalgia más rancia y abominable, intentaron
caricaturizar lo ocurrido en dos supermercados, con aquello de que “si todos lo hacemos….”. Pero imbécil,
si tú lo haces eres, además de idiota, un chorizo que antes que a la cárcel
debe acudir al psiquiatra. Tú puedes y debes pagarlo. Tú trabajas, tú cobras,
tu no tienes que hacer magia con los 400 euros de limosna. ¿Quien ha dicho aquí
lo de “barra libre”?. Serás tú el
único tonto que así ha querido verlo. Os salió mal la encerrona, y un hombre
casi analfabeto pero con un corpachón pletórico de humanidad y sentido común os
congeló esa sonrisa farisaica que apenas podíais mantener. Faltó poquito para
que hasta el torito del logo saliera huyendo.
Quien no quiera ver en las
acciones realizadas recientemente por sindicalistas andaluces una llamada de
atención a una sociedad acomodada en la opulencia, un grito reclamando comer, inimaginable
en la Europa del siglo XXI, quien no lo vea es porque no quiere o porque los cristales de ver todo del mismo color se
le fundieron con las pupilas.
Es escandaloso que en España
el 78% de los alimentos que se retiran por caducidad de los supermercados vayan
a la basura, o que en los Estados Unidos una de cada seis personas pasen hambre
mientras se arrojan a la basura 165 mil millones de euros en alimentos. Esto le
pone la piel de gallina a cualquiera que lo reflexione solamente un poquito. Y
los grandes medios de comunicación, bailando en la palma del capital, no bajan
a la arena y destapan esta realidad. Los periódicos cada vez más requieren un
Máster en Criptología Económica, y las televisiones otro en los Mundos de Yupi.
Hay que dejar de mirar los maletines de piel de cocodrilo y profundizar en esos
monederos de escay negro que nuestras marujas aprietan bajo el brazo en los
mercados.
Algo, o mucho, tiene que
cambiar, o nos acostumbraremos a ver a esos niñitos con los ojos comidos por
las moscas a este lado del Estrecho.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Opino que ...