jueves, 23 de agosto de 2012

Carros de asalto


Tal vez el paso de los años ha ido debilitando mis reservas de desidia y despreocupación. Es posible que, al igual que el cabello comienza a clarear, se presente mejor alumbrada ante mis ojos, y sobre todo ante mi conciencia, una realidad que supera mi capacidad de guardar silencio.

No muy lejos están aquellos informativos martilleándonos con imágenes de la hambruna en África, de aquellos escuálidos niños con los ojos llenos de moscas y los huesos asomándose tras la piel. Tal vez fue el origen del zapping, tal vez por eso la gente se aficionó a los documentales de La 2, pues así podían seguir disfrutando de África, pero sin negritos moribundos. Era la hora de la siesta, y no de despertar conciencias.

Nadie grito “¡que viene el lobo!”, o, si lo hizo, no con la suficiente contundencia y claridad para que todos lo entendiéramos; solamente los de la casta superior, una vez más, gozaron de información privilegiada para mover ficha a tiempo y salvar sus caudales en paraísos fiscales. Muy pocos han visto alterada su plácida existencia y, en no pocos casos, han negociado y ganado con la necesidad de los demás. La Bolsa, una vez más, poco refleja la realidad del país, pues cuando todos perdemos, sus subidas y bajadas, por muy pequeñas que puedan parecer, son miles o millones de euros que pasan a engrosar las ya orondas fortunas de esas alimañas.

Días atrás, en un canal de televisión que vive anclado en la nostalgia más rancia y abominable, intentaron caricaturizar lo ocurrido en dos supermercados, con aquello de que “si todos lo hacemos….”. Pero imbécil, si tú lo haces eres, además de idiota, un chorizo que antes que a la cárcel debe acudir al psiquiatra. Tú puedes y debes pagarlo. Tú trabajas, tú cobras, tu no tienes que hacer magia con los 400 euros de limosna. ¿Quien ha dicho aquí lo de “barra libre”?. Serás tú el único tonto que así ha querido verlo. Os salió mal la encerrona, y un hombre casi analfabeto pero con un corpachón pletórico de humanidad y sentido común os congeló esa sonrisa farisaica que apenas podíais mantener. Faltó poquito para que hasta el torito del logo saliera huyendo.

Quien no quiera ver en las acciones realizadas recientemente por sindicalistas andaluces una llamada de atención a una sociedad acomodada en la opulencia, un grito reclamando comer, inimaginable en la Europa del siglo XXI, quien no lo vea es porque no quiere o porque los cristales de ver todo del mismo color se le fundieron con las pupilas.

Es escandaloso que en España el 78% de los alimentos que se retiran por caducidad de los supermercados vayan a la basura, o que en los Estados Unidos una de cada seis personas pasen hambre mientras se arrojan a la basura 165 mil millones de euros en alimentos. Esto le pone la piel de gallina a cualquiera que lo reflexione solamente un poquito. Y los grandes medios de comunicación, bailando en la palma del capital, no bajan a la arena y destapan esta realidad. Los periódicos cada vez más requieren un Máster en Criptología Económica, y las televisiones otro en los Mundos de Yupi. Hay que dejar de mirar los maletines de piel de cocodrilo y profundizar en esos monederos de escay negro que nuestras marujas aprietan bajo el brazo en los mercados.

Algo, o mucho, tiene que cambiar, o nos acostumbraremos a ver a esos niñitos con los ojos comidos por las moscas a este lado del Estrecho.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Opino que ...