miércoles, 15 de agosto de 2012

Dos puentes casi inútiles


Cuando dos astros coinciden en la misma longitud celeste se habla de una conjunción planetaria. Curiosamente,  en estos días viene a suceder algo que, no tan magno como planetario pero tampoco para pasar por alto, bien podría denominarse conjunción palmariamente mentecata. Advierto que no se trata éste de un tratado científico, por lo que aquel que prefiera abandonar en este punto puede sentirse satisfecho con haber cubierto su cupo de lectura acorde con la media nacional.
Hoy, 15 de agosto, comienza un solapamiento vacacional en el mes de descanso por hegemonía. Agosto, tradicionalmente, se ha señalado como el mes preferido por los españoles para vacacionar, muy por encima de sus vecinos julio y septiembre. Sus calores, asfixiantes en algunas regiones, provocan que las empresas funcionen a menor ritmo y aprovechen para conceder permisos a sus trabajadores.
Es costumbre ancestral en nuestra tierra construir “puentes” entre dos festivos, o entre uno y el fin de semana; incluso “macropuentes” cuando entre medias es más de un día lo que saltamos. De entre todos, el más famoso ocurre en la primera semana de diciembre, con cuatro días seguidos no lectivos por ser fiesta nacional el 6 y el 8.
El número 11.660 no es un código postal: es el número de parados que en pleno mes de julio figuran inscritos en El Puerto. En pleno verano, en una ciudad costera que vive del turismo, uno de cada 4 portuenses no tiene trabajo. Hay familias que no tienen para comer, que han vuelto a las condiciones que algunos de nuestros abuelos vivieron en la posguerra. Hay gente hoy, en la ciudad de los cien palacios, que busca su menú del día en contenedores de basura.

Hoy, también, es el primer día en el que todos, locales y foráneos, podemos disfrutar de una magnífica infraestructura que une las dos orillas del “rio del Olvido”. Entre pitos y flautas, no diré gastados pero sí deficientemente empleados, kilo y medio de euros en algo cuya urgencia solamente han querido ver algunas mentes preclaras y que viven en tan sublime órbita que no son capaces de convencernos al populacho de esa voraz necesidad. Es vergonzoso ver en la prensa como alguno de nuestros dirigentes aclara que esta obra “ha supuesto el cumplimiento de una demanda ciudadana”. No recuerdo haber visto manifestaciones, pancartas, octavillas ni nada parecido instando a nuestros munícipes. Ojalá se atendiera con igual premura a las demandas reales, y no a artificios políticos. Hay gente sin comida, baches, basura, calles sin luz, fachadas que se caen, negocios que se cierran, etc. y cuya solución sí ha sido clamada y reclamada. Claro está que, difícilmente se podrá poner una placa conmemorativa en un bocadillo, en una farola o en un montón de alquitrán. Y dedicada a Pepe, el del Vapor. ¿Qué vapor?¿el de Chipiona?.
Valdelagrana necesita un nexo con el resto de la ciudad. No hay que unir Valdelagrana con El Puerto: Es El Puerto, como lo es Crevillet, Vistahermosa o la calle Espelete. Y eso sí que lleva años de retraso. Hay que evitar esa inmensa V, ojalá nunca de vendetta, a la que están condenados quienes allí viven, esa uve cuyo vértice es la rotonda de Pozos Dulces, único lugar de acceso al centro para ellos. El proyecto de reordenación contempla un puente peatonal y rodado, y en eso sí que habrían contado con el apoyo de todos los ciudadanos y visitantes, descongestionando la famosa rotonda y sirviendo de aliviadero para la margen derecha. Asimismo, supondría un fuerte impulso a los centros comerciales y negocios de lo que aquí conocíamos como “la otra banda”. Desde el primer minuto de su funcionamiento quedaría demostrada su rentabilidad social y, por ende, económica pese a la crisis. Tal vez, eso sí, no sería del agrado de quienes vislumbran el pelotazo urbanístico de los terrenos próximos, por cosas del azar, al estribo de la pasarela.
Radio Futura, en un tema casualmente llamada “El puente azul”, cantaban que “por el puente azul a las nubes se fue el pensamiento, le tocó después a la tierra volver de regreso”. Ojalá y a los de El Polvorista les retorne pronto.
Lo mío no es un “no”, es un “no ahora”. Obras importantes han sido paralizadas en toda España, incluso en avanzado estado de ejecución (como aquí el desdoblamiento de la carretera de Rota), y otras han “estirado” su calendario para no exprimir más las paupérrimas arcas públicas, dejando vía libre a las de auténtica necesidad. Ahora había cosas muchísimo más importantes, tanto inversiones como gastos.
Con la mitad de la España en paro y la otra de vacaciones, con la ciudad partida por la mitad y ahogada en necesidades, hoy disfrutamos de esta espectacular conjunción celeste, más bien “azul pasarela”, de dos puentes casi inútiles.
Parafraseando al ilustre José Luis Tejada, poeta que a nuestro Guadalete dedicó su “Del río de mi olvido”, estamos ya tan perdidos que ni perdernos podemos.

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