Cuando
dos astros coinciden en la misma longitud celeste se habla de una conjunción
planetaria. Curiosamente, en estos días
viene a suceder algo que, no tan magno como planetario pero tampoco para pasar
por alto, bien podría denominarse conjunción
palmariamente mentecata. Advierto que no se trata éste de un tratado
científico, por lo que aquel que prefiera abandonar en este punto puede
sentirse satisfecho con haber cubierto su cupo de lectura acorde con la media
nacional.
Hoy,
15 de agosto, comienza un solapamiento vacacional en el mes de descanso por
hegemonía. Agosto, tradicionalmente, se ha señalado como el mes preferido por
los españoles para vacacionar, muy por encima de sus vecinos julio y
septiembre. Sus calores, asfixiantes en algunas regiones, provocan que las
empresas funcionen a menor ritmo y aprovechen para conceder permisos a sus
trabajadores.
Es costumbre ancestral en nuestra tierra construir
“puentes” entre dos festivos, o entre uno y el fin de semana; incluso
“macropuentes” cuando entre medias es más de un día lo que saltamos. De entre
todos, el más famoso ocurre en la primera semana de diciembre, con cuatro días
seguidos no lectivos por ser fiesta nacional el 6 y el 8.
El número 11.660 no es un código postal: es el
número de parados que en pleno mes de julio figuran inscritos en El Puerto. En
pleno verano, en una ciudad costera que vive del turismo, uno de cada 4
portuenses no tiene trabajo. Hay familias que no tienen para comer, que han
vuelto a las condiciones que algunos de nuestros abuelos vivieron en la
posguerra. Hay gente hoy, en la ciudad de los cien palacios, que busca su menú
del día en contenedores de basura.
Valdelagrana necesita un nexo con el resto de la
ciudad. No hay que unir Valdelagrana con El Puerto: Es El Puerto, como lo es
Crevillet, Vistahermosa o la calle Espelete. Y eso sí que lleva años de
retraso. Hay que evitar esa inmensa V, ojalá nunca de vendetta, a la que están
condenados quienes allí viven, esa uve cuyo vértice es la rotonda de Pozos
Dulces, único lugar de acceso al centro para ellos. El proyecto de reordenación
contempla un puente peatonal y rodado, y en eso sí que habrían contado con el
apoyo de todos los ciudadanos y visitantes, descongestionando la famosa rotonda
y sirviendo de aliviadero para la margen derecha. Asimismo, supondría un fuerte
impulso a los centros comerciales y negocios de lo que aquí conocíamos como “la
otra banda”. Desde el primer minuto de su funcionamiento quedaría demostrada su
rentabilidad social y, por ende, económica pese a la crisis. Tal vez, eso sí,
no sería del agrado de quienes vislumbran el pelotazo urbanístico de los
terrenos próximos, por cosas del azar, al estribo de la pasarela.
Radio Futura, en un tema casualmente llamada “El
puente azul”, cantaban que “por el puente azul a las nubes se fue el
pensamiento, le tocó después a la tierra volver de regreso”. Ojalá y a los de
El Polvorista les retorne pronto.
Lo mío no es un “no”, es un “no ahora”. Obras
importantes han sido paralizadas en toda España, incluso en avanzado estado de
ejecución (como aquí el desdoblamiento de la carretera de Rota), y otras han
“estirado” su calendario para no exprimir más las paupérrimas arcas públicas,
dejando vía libre a las de auténtica necesidad. Ahora había cosas muchísimo más
importantes, tanto inversiones como gastos.
Con la mitad de la España en paro y la otra de
vacaciones, con la ciudad partida por la mitad y ahogada en necesidades, hoy
disfrutamos de esta espectacular conjunción celeste, más bien “azul pasarela”,
de dos puentes casi inútiles.
Parafraseando al ilustre José Luis Tejada, poeta que
a nuestro Guadalete dedicó su “Del
río de mi olvido”, estamos ya tan perdidos que ni perdernos podemos.

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