viernes, 2 de noviembre de 2012

Animals


Un consorcio de inversores de Malasia está actualmente reurbanizando el entorno del la Battersea Power Station, uno de los edificios más emblemáticos del urbanismo industrial de Londres. Construida, en su primera fase, al comienzo de la Segunda Guerra Mundial para cubrir una mayor demanda energética de la industria militar y civil, es el edificio de ladrillo más grande de Europa,  y durante más de cuarenta años contribuyó a ennegrecer el cielo y las fachadas londinenses con el humo de sus cuatro enormes chimeneas. En los años 50 se edificó una segunda fase idéntica a la primera, conformando su actual aspecto.

La llegada al poder del neoconservadurismo, liderado por Margaret Thatcher, y su política a favor de la energía nuclear en detrimento de las centrales térmicas alimentadas por carbón, acarreó su cierre en 1983. Fue la Dama de Hierro quien puso de moda lo del cambio climático, utilizándolo como excusa para cerrar minas y provocando la mayor huelga de la minería británica. En el trasfondo se encontraban sus buenas relaciones con el lobby atómico y el deseo de acabar con el poder de los sindicatos, a los que venció por agotamiento: un año continuado de paro no era soportable para la mayoría de los trabajadores. Su supuesto interés “medioambiental” quedó desmontado cuando, en ese mismo año, se quedó sola frente al resto de países oponiéndose en la 7ª reunión del Convenio de Londres a una moratoria de vertidos de residuos en la fosa atlántica, frente a las costas gallegas.



Pero, casi con total seguridad, el máximo reconocimiento mundial de este edificio esta relacionado con la música, pues se debe a su aparición en la película Help!, protagonizada por The Beatles en 1965, y en la portada de Animals, el álbum que la banda Pink Floyd lanzó en 1977.

Roger Waters, bajista de la mítica banda de rock sinfónico,  no sólo fue el autor de ese diseño, colocando a un cerdo volando entre dos de las chimeneas de la factoría, sino que también escribió los temas del álbum inspirándose en la obra Animal Farm, escrita en 1945 por George Orwell y traducida al español bajo el título de Rebelión en la granja. Aunque el hilo conductor de la trama de la novela es pura ficción, una fábula, su trasfondo es fielmente histórico, es una crítica a la sociedad totalitaria , a la figura de Stalin y la instauración del comunismo en la URSS.

En el comienzo, los animales de una granja se rebelan contra el señor Jones, el propietario, y fundan una sociedad sin privilegios en la que todos compartían sus capacidades en busca del bien común. Poco a poco, los cerdos van acaparando el poder, instaurando una dictadura basada en la obediencia provocada por el miedo. Lo que quiso ser una revolución contra la tiranía humana se fue corrompiendo hasta convertirse en otra similar, pero ejercida por una especie animal sobre el resto.

Platón definió el concepto de poder como “el ejercicio del mando”, la capacidad de hacerse obedecer, bien sea de forma autoritaria o participativa, y empleando herramientas como el consenso, la propaganda e incluso la violencia, según el caso.

En una entrevista publicada por El País en marzo de 2000, Mario Vargas Llosa afirmaba que “el poder hay que limitarlo, reducirlo al mínimo, porque cuando a un ser humano se le da todo el poder aparece la crueldad”. No hay que hurgar mucho en la historia para encontrar cómo se consigue la obediencia sembrando el miedo con sanciones y castigos. La erótica del poder, la atracción y excitación que sienten los poderosos al ejercerlo, les lleva a acumularlo hasta convertirse en auténticos monstruos: Hitler, Mussolini, Franco, Pinochet, Videla, Stroessner, Castro, Pol Pot, Ceaucescu, Bokassa, Idi Amin, Mobutu, Kim Jon-il, Gadafi,… En casi todos ellos se repite el mismo esquema, en el que por la degeneración de procesos revolucionarios van acumulando poder hasta instaurar su tiranía.

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