Nos machacaban los medios hace escasas horas con tu primer "tuit", Benedicto, en lo que que todos quisieron ver un salto cualitativo en la relación de la Iglesia con sus fieles, un paso adelante de una secularmente anquilosada institución. Resultaba simpático ver ese primer plano de tu dedo acercándose al "Twittear", y que los más exagerados compararon con el que, muy cerca de donde estabas, plasmo en un fresco Michelangelo Buonarroti a petición de Julio II quien siglos atrás ocupó tu puesto. Lo del nick... discutible; a mi lo de @Pontifex me suena a pastillas para la tos, pero es cuestión de gustos.
Hoy, Papa, te has vuelto a olvidar del mayor problema que asola al mundo, y en tu carta para las Jornadas de la Paz ni siquiera una vez has nombrado la palabra "hambre", porque para ti, por lo visto, es más importante erradicar el aborto, la eutanasia y el matrimonio homosexual. Me resulta hipócrita defender al no nacido
y olvidarse del nacido, obligar a parir criaturas que el hambre no dejará llegar a adultos. Fue Ghandi quien afirmó que "la pobreza es la mayor forma de violencia", y tal vez tu mensaje "Bienaventurados los que trabajan por la paz" debería haberse ocupado de ello.
A mi me preocupa más ver a gente buscando en contenedores lo que hace pocos meses arrojaban a la basura, gente saltando por el balcón para que no sea otro quien lo saque de su casa por última vez.
Tu antecesor Wojtyła, sin necesidad de internet, demostró una enorme preocupación por las desigualdades, y me atrevo a afirmar que la Historia lo pondrá en un lugar de privilegio. Hasta hoy, tus gestos más publicitados son el "tuit" y los recortes en el Portal de Belén.

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